
Los aranceles de Trump y la debilidad de la economía del euro fuerzan al BCE a buscar un ‘plan B’
- Alemania, Francia, España… las grandes economías europeas ‘sobreviven’ sin presupuestos
- El PIB de la Eurozona se paralizó en el cuarto trimestre de 2024 y presiona al BCE a seguir bajando tipos
- Alemania, atrapada en la crisis: su PIB cayó en 2024 por segundo año consecutivo lastrado por la industria
Los aranceles como órdago para negociar acuerdos bilaterales que satisfagan las principales demandas, económicas o políticas, de Estados Unidos. Poco más de dos semanas en el poder y la Administración Trump ya ha enseñado las cartas de su política proteccionista a dos de sus principales ‘aliados’, Canadá y México -con los que su país está vinculado por un acuerdo de libre comercio y cuya producción está estrechamente entrelazada en las cadenas de valor estadounidenses- y a su principal rival comercial, China.
Sobre la Unión Europea cae ahora como una losa la amenaza de un alza de los impuestos al comercio si los Veintisiete no aumentan las compras de gas y petróleo estadounidense. El anuncio que haga Washington puede condicionar los próximos pasos del Banco Central Europeo (BCE), que tendrá que manejar una inflación más elevada y hacerlo sin dañar a una economía incapaz de dejar atrás la crisis.
El objetivo principal del BCE es mantener la estabilidad de precios. Ese es su mandato y el organismo capitaneado por Christine Lagarde debe hacer todo lo que esté en su mano para garantizar que la tasa de IPC se estabilice de forma sostenible en su meta a medio plazo del 2%. Un escenario de tensiones comerciales entre ambas economías intensificaría la subida media de los precios en Estados Unidos como mínimo tres décimas, calculan desde Inversis.
La Reserva Federal ya está teniendo dificultades para reconducir la inflación, que cerró el año pasado en el 2,9% tras repuntar en diciembre, lo que unido a la incertidumbre en torno a los aranceles llevó al banco central a mantener los tipos de interés en su reunión de la pasada semana. Si la entidad capitaneada por Jerome Powell se ve obligada a pisar aún más el freno o, en el peor de los casos, a subir de nuevo los tipos de interés, el dólar se fortalecerá más y el euro seguirá perdiendo valor.
Europa, más dependiente de insumos críticos
Esto tendría consecuencias para la UE, que acabaría importando inflación, dado que adquiere en dólares las materias primas de las que es altamente dependiente. «La guerra en Ucrania y la Inflation Reduction Act (aprobada con Joe Biden como presidente) han reconfigurado la balanza comercial UE-EEUU, aumentando la dependencia europea de insumos críticos como el gas natural licuado (GNL) y reduciendo el superávit comercial europeo», explican desde LLYC.
«La hoja de ruta que alteraría sería la del BCE, que hasta ahora se está planteando bajar los tipos», sostiene a ‘La Información Económica’ Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Universidad de Valencia y director de Estudios Financieros de Funcas. Sin embargo, la zona euro se encuentra en una situación delicada -apenas creció un 0,7% en el conjunto del año pasado frente al 2,8% de EEUU- y cualquier represalia a la política de Trump podría provocar una desaceleración de la economía mundial con impacto también sobre la región.
«La clave es que si Europa tiene que reactivar su economía el BCE tiene que mantener su hoja de ruta», añade Carbó. El organismo está intentando reactivar economía y los aranceles de Trump suponen una distorsión y «generan incoherencias» porque fortalecen un dólar que ya caro, lo que iría en contra de las pretensiones de Trump. El Laboratorio de Presupuestos de la Universidad de Yale calcula que los aranceles de Trump restarán entre 1.000 y 1.200 dólares de poder adquisitivo anual al hogar estadounidense
La Eurozona parece incapaz de superar la crisis
El BCE ha mostrado su preocupación por la débil actividad de la Eurozona. El área se está viendo lastrada por la crisis económica de sus principales motores, Alemania y Francia, por el desplome de la inversión privada y por la pérdida de competitividad de su industria, y ni siquiera el empuje de economías como la española -que avanzó el año pasado un 3,2%, según el INE- ha permitido contrarrestar estos vientos en contra.
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